Cuando alguien nos escribe preguntando por fechas, la primera respuesta casi nunca es una fecha. Es una pregunta: ¿qué ventana estás dispuesto a aceptar? En el oeste de Nepal no existe un mes neutro. Cada temporada abre unas etapas y cierra otras, y quien lo entiende antes de reservar se ahorra días perdidos en un lodge esperando que el tiempo cambie.
La primavera, entre marzo y mayo, es la ventana más generosa. Los vuelos domésticos entre Kathmandu y Nepalgunj o Surkhet funcionan con relativa regularidad, los lodges del corredor reabren tras el invierno y el sendero se seca rápido por debajo de los 3.500 metros. El problema aparece arriba: a partir de mediados de abril las nubes de calor empiezan a subir por la tarde y las vistas desde los pasos altos se vuelven intermitentes. No es peligroso, pero sí frustrante si el objetivo es ver la cordillera.
El otoño, de finales de septiembre a principios de diciembre, es lo que la mayoría imagina cuando piensa en Himalaya. Cielo limpio, aire frío y estable, jeeps que suben sin atascarse en el barro. La contrapartida es la logística: los vuelos se llenan con meses de antelación y algunos tramos de carretera hacia el norte siguen cortados por deslizamientos residuales del monzón hasta bien entrado octubre. Si tu itinerario depende de un vuelo interno, conviene reservar con holgura y tener un plan B por carretera.
El invierno es la temporada que casi nadie considera y que, con equipo adecuado, funciona mejor de lo que se cree. Entre diciembre y febrero el corredor queda muy tranquilo, los precios de los lodges bajan y la visibilidad es excelente. El precio real se paga en dos frentes: los pasos por encima de los 4.500 metros acumulan nieve y exigen crampones y bastones, y varios alojamientos cierran o atienden con lo mínimo. No es una temporada para improvisar, pero sí para quien ya tiene experiencia en altura y no le importa caminar con frío seco.
El monzón, de junio a principios de septiembre, es otra cosa. No es que el trekking sea imposible, es que el terreno deja de ser predecible. Los ríos crecen, los senderos se convierten en barro y las laderas del Karnali registran deslizamientos que cortan tramos enteros durante días. Los vuelos domésticos se cancelan con frecuencia por visibilidad reducida y los jeeps quedan varados en los pasos de tierra. Hay quien camina en esta época, sobre todo en zonas bajas y con guías que conocen cada quebrada, pero no es la ventana que recomendamos para rutas de altura.
Más allá del calendario, hay un factor que suele decidir la salida: la altitud acumulada del itinerario. Un trekking de 12 días que toca los 4.800 metros se comporta distinto en octubre que en abril, no por la lluvia, sino por las horas de luz y la temperatura nocturna en los campamentos progresivos. Por eso cruzamos siempre la disponibilidad del caminante con la ficha técnica de cada etapa antes de confirmar nada.